Dardos de Alberto Hidalgo
MATADOR. Poeta cultivó singular estilo periodístico y lapidaba sin piedad.
 
 
     
 

Perfil

NOMBRE. Alberto Hidalgo
NACIMIENTO. Arequipa, en 1984. Murió en Buenos Aires, 1967.
TRAYECTORIA. Poeta vanguardista. Colaboró con Huidobro y Borges en el Índice de la nueva poesía americana (1926).
OBRAS. Autor de los poemarios Joyería (1919), Simplismo (1925) y Química del espíritu (1923). Libelos: Hombres y bestias (1918), Jardín zoológico (1919), Muertos, heridos y contusos (1920).


 

 
 
 

Pedro Escribano

El poeta Alberto Hidalgo ha vuelto con su prosa de lanzallamas. Sur, Librería Anticuaria acaba de publicar De muertos, heridos y contusos. Libelos de Alberto Hidalgo, una breve antología con prólogo de Fernando Iwasaki y epílogo de Álvaro Sarco.

La antología es una muestra de la prosa con escalpelo con que Hidalgo embistió a escritores, políticos y presidentes. Cáustico, muchas veces arbitrario, atrabiliario, Hidalgo no tuvo piedad casi con nadie. Basta echar una mirada a la presente antología en la que aparecen, como en paredón de fusilamiento, Ricardo y Clemente Palma, Andrés A. Cáceres, Nicolás de Piérola, Riva Agüero, Sánchez Cerro, entre otros (lástima que no haya incluido los libelos dirigidos a Fernando Belaunde Terry y Haya de la Torre, políticos más contemporáneos).

 

La lista de Hidalgo

El poeta arequipeño jamás hizo honor a su apellido. Al contrario, asestó golpes a mansalva. Clemente y Ricardo Palma, hijo y padre, llevaron por igual. De Clemente dijo que ensayaba con éxito la crítica literaria, "pero su crítica literaria tiene veinte años de atraso; es crítica gramatical (...)". "A mí me hace pensar –prosigue– en un viejo trapero que se dedicara a buscar con candil las inmundicias de la casa para sacarlas al sol".

Sobre Ricardo Palma escribió que "cualquier mulato de Lima refiere historias antiguas con tanta o más soltura que él refirió".

"De creador –anotó– no tuvo sino la apariencia. Fue un simulador (...)". Nunca le reconoció talento y lo llamó "historiador anecdótico del Perú". "Si hemos de hacer catálogo literario, le reservaremos el último fichero. Estará junto a los histriones", lo lapidó.

También fue tumbahéroes. Con Andrés A. Cáceres es devastador. Lo acusa de doble cara: una, el héroe, otra, el mandón".

"Un día es tigre que venga las injurias de la patria; otro, ratón que devora el queso de la alacena". Lamenta que como héroe no haya muerto "con oportunidad".

A Sánchez Cerro dirigió su más furioso panfleto: "Es el abanderado de los barriles de basura, el presidente de los desperdicios. Su nombre no se graba con tinta sino con repugnancia, y es lo que resta sobre el papel higiénico en la reserca de las letrinas, pues no hay trasero que no sepa escribirlo. Sánchez Cerro o el excremento".


 

¡Que muera Piérola!

Nicolás de Piérola también estuvo en su puntería. Alberto Hidalgo sostiene que este llegó a ser presidente sin que nadie se diera cuenta de que "amaba a la patria no como a su madre o esposa sino como a querida. Y como a querida la ultrajó cuando se hartó de sus caricias".

Refiere que se adormeció por el amor de mujer francesa. Sacrificó al país "en aras de amor adulterino". "En vez de tener tirano con pantalones, lo tuvimos con polleras; la casa (...) de Pizarro, se convirtió en mancebía".

Si bien, pese a sus delitos, Piérola en vida fue querido y muerto adorado, para Hidalgo "la historia ha puesto ya sobre su lápida esta palabra terrible: ¡infame!"

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