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EL AUSENTE. El
poeta posa en Darmouth College, Estados Unidos (1989). |
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Pedro
Escribano.-
Una muestra de fotografías y documentos nos
devuelven la bonachona imagen del desaparecido poeta Washington
Delgado (Cusco, 1927 - Lima, 2004). Al acercarse el primer
aniversario de su muerte –6 de setiembre–, el Instituto Raúl Porras
Barrenechea (calle Colina 398, Miraflores) exhibe, a manera de
homenaje, una muestra de fotografías, caricaturas, libros,
manuscritos del autor de Para vivir mañana.
Washington Delgado perteneció a la generación del 50
junto a otros poetas como Alejandro Romualdo, Francisco Bendezú,
Blanca Varela, Jorge Eduardo Eielson, Gonzalo Rose, Carlos Germán
Belli, entre otros. Su poesía, clara, limpia, ejecutada con rigor y
belleza, nunca se desentendió de lo íntimo y lo social de los
individuos.
Washington
Como reza el verso de Vallejo, "Alfonso Silva, me
estás mirando...", a la entrada de la exposición se observa una
gigantografía del poeta. Vestido de azul, como seguro eran sus
sueños, Washington Delgado posa en un parque de Boston, en Estados
Unidos.
Ese es el punto de partida para recorrer la vida del
recordado profesor y poeta sanmarquino. En una vitrina, junto a sus
carnés de estudiante y profesor, se exhibe, lleno de mundo, sus
clásicos anteojos. Asimismo, las primeras ediciones de sus
poemarios, como Destierro por vida, El extranjero, Parque, Un mundo
dividido.
También se muestra fotografías junto a sus colegas y
alumnos de la Universidad de San Marcos donde nunca faltó a dictar
sus clases de literatura, incluso en los días más difíciles como
fueron los de los años 80. El escritor Edgardo Rivera Martínez contó
en las páginas de este diario que un día Sendero Luminoso dejó sin
luz la ciudad universitaria. Pero grande fue su sorpresa, en esas
tinieblas descubrió que un profesor, vecino a su aula, seguía
haciendo sus clases alumbrándose con velas. Era Washington Delgado.
Otra vez, de eso fuimos testigos, el poeta se
encontró con las puertas cerradas. El relajo cundía en los
trabajadores de la universidad. Intentó abrirla, pero no pudo. Un
alumno, Esteban Quiroz, ahora editor, quien había dejado el Ejército
y aún calzaba zapatos militares, se ofreció a ayudarlo.
Pidió campo con las manos y de un fuerte puntapié de
bota abrió la puerta de par en par. "¡Ah! –comentó el poeta–, desde
ahora diré que en San Marcos se dictan clases a patadas".
En la muestra también se hallan fotografías que dan
cuenta de su vida en el calor de su familia. Asimismo, como pez en
el agua, en su nutrida biblioteca. Retratos de su niñez, infancia y
juventud. Otras imágenes testimonian sus encuentros con escritores y
poetas extranjeros y nacionales. Por ejemplo, junto al desaparecido
Julio Ramón Ribeyro y a Francisco Bendezú. Asimismo, con escritores
de otras latitudes, entre ellos, el italiano Giussepe Ungaretti, el
español Jorge Guillén y el vallejiano James Higgins.
La muestra, una cita, parodiando uno de sus libros,
Para recordarlo mañana.