"Poema a Mamá", "Movimiento Pensionista", "Plumas de Afrodita ", "Homenaje Victor Jara"
Asociación Canadiense Crítica Literaria sobre las Escritoras Hispanoamericanas
Diálogo con Mario Roberto Morales sobre “problemas de género”. Respuesta suscitada a su artículo “De hombres, MUJERES Y GÉNERO”, aparecido en El juguete rabioso 4, 113 (19-09-2004): 16.
Lady Rojas Benavente
Concordia University, Canadá
“No soy mujer que a alguno/ de mujer pueda servirle”
Quiero comenzar afirmando mi respeto por el Sr. Morales que entra en el campo del debate intelectual sobre el feminismo actual, utilizando como método de apoyo una cita del poeta alemán Rainer María Rilque en la que éste aseveraba, a principios del siglo XX, su convicción de que superando las barreras biológicas –diferentes sexos- y culturales –educación y comportamiento de acuerdo a los roles sexuales- se podría llegar a un “mayor grado de parentesco y afinidad” entre los hombres y las mujeres. Veamos si el periodista llega a superar, en su propuesta, los prejuicios “patriarcales” que parte de los hombres todavía comparten frenando, de alguna manera, el dinamismo de los cambios que han seguido a las luchas de los movimientos feministas.
Hubiera sido interesante que Morales puntualice contra quiénes o qué grupos va dirigido el tono vindicativo de su artículo. El primer punto que sorprende por falta de contexto específico es la afirmación siguiente, “Hablar, pues, de “género” para referirse sólo al sexo femenino en contraposición con el masculino es un error tan garrafal…” ¿Se refiere al discurso de alguna institución boliviana en particular o al movimiento feminista liberatorio en sus inicios?
Tal vez sirva un breve recorrido por las teorías feministas para comprender los avances y los escollos que sus promotoras han encontrado en ese arduo camino de la emancipación y de la igualdad de las mujeres. La crítica chilena Nelly Richard en su ponencia,
“Teoría feminista y crítica de la representación” (1987), traza tres momentos del desarrollo del feminismo. El primero iniciado por Virginia Wolf y Simone de Beauvoir es el histórico o de la igualdad que tiende a comprender la identidad y “busca principalmente rectificar la desfavorabilidad de las condiciones que perjudican a la mujer”. El segundo feminismo de la diferencia representado por Luce Irigaray y Julia Kristeva proclama desde el psicoanálisis,“la reformulación de un inconsciente sexualmente diferenciado”. Finalmente el tercero, es el movimiento post-feminista actual de las que “no están preocupadas de construir un nuevo modelo de identidad femenina…, ya que dicha preocupación seguiría asociada a una filosofía confiada en las esencias-verdades, y desmentiría el tono post-metafísico de la nueva búsqueda”.
El concepto de los géneros que se maneja en el siglo XXI en los movimientos feministas se ha ido depurando de sus limitaciones y desprendiendo de las subjetividades identitarias. En efecto, por ahora se encauza en los contextos socio-culturales en los que se configuran tanto las representaciones de lo femenino como de lo masculino, no como valores congelados sino más bien dinámicos y cambiantes.
En este sentido llama la atención que Morales se erija en contra de “feminismos esencialistas tan en boga hoy en día, los cuales sostienen que liberarse de la opresión no es más que llegar a tener el suficiente poder como para oprimir a sus contrapartes sexuales” y “en las vertientes supremacistas anti masculinas”-¿cuáles son, cómo y dónde se manifiestan?- y que los confine “en el resentimiento anti masculino”.
Me pregunto si el autor de Cartas a un joven poeta apoyaría ahora “la gran renovación” en las relaciones humanas por las que las personas feministas -tanto mujeres como hombres- han abogado en la teoría y puesto en la práctica, a pesar de la ideología machista recalcitrante. Para concluir en aras del diálogo crítico y constructivo que nos permita distinguir los avances y las limitaciones del feminismo, recurro a parte del romance “Señor: para responderos” de la mexicana Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), la primera escritora en el continente americano que ya, en el siglo XVII, asume el derecho de las mujeres a la cultura y cuestiona el poder exclusivo de los hombres a la educación y a la vida pública siguiendo los modelos patriarcales fincados en la sexualidad masculina y su poder fálico. El texto de Sor Juana muestra, primero, la complejidad del sujeto humano que no se reduce a su sexualidad y, segundo, la actitud subversiva de la hablante poética que no acepta que la moldeen de acuerdo al concepto reductor de lo femenino. Es evidente que la concepción de la androginia de Sor Juana sería retomada por varias feministas del siglo XX, entre las que descuellan Virginia Woolf y Rosario Ferré. El poema de Sor Juana Inés de la Cruz expresa, con gran ironía, la perversión de los sujetos que utilizan el lenguaje para dividir a la humanidad en categorías sexuales duales con el fin de someterlas mejor a su yugo:
Yo no entiendo de esas cosas;
sólo sé que aquí me vine
porque, si es que soy mujer,
ninguno lo verifique.
Y también sé que, en latín,
sólo a las casadas dicen
úxor, o mujer, y que
es común de dos lo Virgen.
Con que a mí no es bien mirado
que como a mujer me miren,
pues no soy mujer que a alguno
de mujer pueda servirle;
y sólo sé que mi cuerpo,
sin que a uno u otro se incline,
es neutro, o abstracto, cuanto
sólo el Alma deposite.