ANA MARIA PINO JORDÁN

     
     
     
                   
  Hace unos días escuché, mientras pasaban imágenes de la consulta sobre el anteproyecto de la ley de Comunidades Campesinas y nativas, en Juli, que un dirigente decía en su intervención: "nosotros NO somos indios, NO somos indígenas, NO somos campesinos, somos pueblos originarios y eso debe figurar en este artículo de la Ley". Lo primero que pensé fue ¡¿por qué tenemos que ser algo por la negación! ¡por qué no por la afirmación! ¡Somos indios, somos indígenas, somos campesinos y eso fortalece el hecho que seamos, con mucho orgullo, parte de un pueblo originario! ¡que además habita y maneja este espacio por muchísimo más tiempo que quinientos años! Vivimos negándonos y permitiendo que nos nieguen permanentemente, es hora que eso cambie y nos afirmemos sólidamente.
Claro, esa fue mi primera reacción. Luego me puse a reflexionar el por qué, y de dónde viene la negación. Creo que viene de la mentalidad colonial con la que nos trataron los conquistadores, suponiendo que todo lo que ellos eran y traían era mejor que lo que encontraban, que en el fondo no era más que una terrible desconfianza en ellos mismos (la mayoría, gente aventurera, sin instrucción) un miedo por lo que no conocían y una necesidad de ejercer el poder en nombre de un Estado superior. Nos hicieron creer que éramos inferiores y esa creencia, muy en nuestro interior, la mantenemos hasta ahora, sino cómo explicarnos que sigamos negándonos.

Para buscar afirmaciones, comencé a revisar de dónde venía la palabra "indígena" que tan mal nos cae. Encontré que en castellano, indígena viene de la expresión indius genitus que en latín quiere decir "nacido en el lugar" o "nativo" o "autóctono" u "originario". Entonces si pensamos un poquito nos daremos cuenta que los españoles que vinieron con Pizarro a la cabeza, eran indígenas de España y que actualmente, con el turismo nos visitan montones de indígenas de otros países o de otros lugares ¿se sentirán ellos mal por ser de donde son?

Buena parte de ustedes estará pensando, y yo también, que no es lo mismo porque aquí la expresión "indio" o "indígena" se utiliza despectivamente, peyorativamente, para insultar. Pero, la cuerda tiene dos puntas, en una punta de la cuerda estamos nosotros mismos si asumimos que nos están insultando y en la otra punta de la misma cuerda está el otro, el que lanza el adjetivo, que quedará como ignorante si no nos damos por insultados.