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Relatos
de Puno
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ALGUNOS
APUNTES SOBRE POESIA ACTUAL
Se
trata tan solo de resaltar unos cuantos rasgos temático-estéticos
que como lector he ido hallando en jóvenes poetas a cuyos poemarios he
ido teniendo acceso en estos años
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ULTIMO
POEMARIO
M.D.I.H 2004 - Lima
Por
lo mismo que has amado, otros amaran tu soledad que es vivir en estas
calles
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POESIA
CHICANA
En
1848, por el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, México cede sus territorios
(California, Nevada, Utah, Colorado y Nuevo México) a los Estados Unidos.
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ENSAYO
SOBRE LA POESÍA PERUANA ULTIMA
I
MIL
VOCES, UN CAUCE
Sobre la poesía peruana a partir de la década del noventa es verdad que
poco se ha estudiado
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HISTORIA
PERSONAL DEL 90
Íbamos
por la segunda botella de Cienfuegos cuando escuchamos una explosión que
provino de algún lugar del Centro de Lima.
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La
Postmodernidad en Tres Novelas de Mario Bellatin
Mario
Bellatin, (México, 1960) estudió en Lima (Perú) Teología y Ciencias de
la Comunicación, e inició su carrera literaria con la publicación de
Mujeres de sal (1986).
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La
Postmodernidad en Tres Novelas
De
Mario Bellatín
Por: Miguel Ildefonso
Mario Bellatin, (México, 1960) estudió en Lima (Perú) Teología y
Ciencias de la Comunicación, e inició su carrera literaria con la
publicación de Mujeres de sal (1986). En Cuba siguió cursos de guión
cinematográfico en el taller de García Márquez. Nuevamente en
Lima publicó las novelas breves Efecto invernadero (1992), Canon perpetuo
(1993) y Salón de belleza (1994). Estas tres últimas novelas fueron
publicadas, en 1995, en un sólo volumen por la Editorial El Santo Oficio,
bajo el título de Tres novelas (1995). El libro que vamos a tratar sigue
un orden cronológico a la inversa; o sea, empieza con Salón de belleza y
termina con Efecto invernadero.
El
propósito del presente trabajo es encontrar algunos rasgos que
caracterizan el planteamiento de la posmodernidad en Tres novelas de Mario
Bellatin. Tales rasgos son: el cuestionamiento canónico a los escritores
anteriores, que en el caso Latinoamericano de Bellatin está referido a
los escritores del Boom. La desacralización del discurso de la Modernidad
también es importante, así como mostrar la crisis de la utopía, o en
otras palabras la falta de fe en un progreso histórico (que, en lo
literario, impide que la novela se plantee trascendentalmente como un
reordenamiento de la realidad). La imposibilidad de llegar a la verdad
histórica es otro rasgo importante que está presente en la narrativa de
Bellatin.
Aunque
no haya estado incluido con un cuento, Bellatin pertenece a la generación
de jóvenes narradores que surgieron en los años noventas con la
provocadora antología que se tituló McOndo, dirigida por el escritor
chileno Alberto Fuguet. En sus declaraciones en entrevistas y ponencias
Bellatin siempre ha declarado estar a favor de la independencia del
escritor y de la obra literaria respecto a su sociedad. Esto marca desde
el inicio de su carrera una diferencia importante con los escritores
anteriores. También es una manera de quitarse de encima (sin la
irreverencia de McOndo) el peso de los escritores del Boom. Más que una
declaración de independencia, libertad, o de rechazo al compromiso ético
del escritor respecto a su sociedad, Bellatin ha hecho de esta postura el
punto de partida de un estilo de fabulación que le ha dado una
personalidad propia en la nueva narrativa Latinoamericana.
Podemos
señalar que sus novelas apuntan, por un lado, a la generalización de los
personajes y, por otro, a indagar en los detalles y las particularidades
de ciertos espacios. Para ello se sirve de un lenguaje sencillo, directo,
minimalista, pero capaz de transformar algunos signos recurrentes (peces,
voz, cuaderno, acuarios, peluquería, Casa, etc.) en símbolos. La
frialdad para tratar los temas más escabrosos y sórdidos es otra de las
características de Bellatin. Estas descripciones claras y mínimas, de
escasa adjetivización, apuntando a lo esencial de las acciones, consiguen
dar ese efecto de objetividad y desapasionamiento en sus historias.
Algo
importante también es que, como ha dicho el mismo Bellatin en declaraciones,
las historias de sus novelas les surgen a partir de una imagen, que en el
desarrollo de la historia se ha de transformar en símbolo. Trabajar con
este método le exige, por tanto, desarrollar ideas. Estas ideas
(estéticas, sexuales, políticas, religiosas, etc.) son confrontadas por
sus jerarquías que se establecen a través de los personajes, o sea por su
posición en el mundo, por su rango de poder y tolerancia.
Por eso
podemos decir que en sus narraciones hay un planteamiento polifónico, pero
no a través de una relación dialógica (como encuentra Baktin en obras
como la de Dostoievski) sino a través del planteamiento general de la
realidad, planteamiento que igualmente nunca llega a resolverse. Por
ejemplo, y para señalar los más importantes conflictos, en Salón se
confronta el peluquero con las monjas o con los vecinos del barrio. En
Canon, Nuestra Señora con la presidenta del edificio o con la Casa. En
Efecto, Antonio con la Madre.
Susan Sontag afirma que “todo estilo comporta una decisión epistemológica,
una interpretación de cómo y qué percibimos” (49). Bellatin, que no
cree que la novela pueda o deba reordenar el mundo, crea un estilo
transparente con el propósito de dar un efecto de objetividad de la
realidad. Estilo transparente significa falta de intervención moral del
autor y/o del narrador en la historia que trata, a pesar de que sí se puede
encontrar una aparente compenetración sentimental con ciertos personajes.
Sontag nos dice también que “todo estilo es un medio de insistir sobre
algo” (50), y es por ello que podemos comprender la insistencia de
Bellatin en ciertos aspectos de la realidad (la degeneración del cuerpo, lo
grotesco, la marginalidad, etc.) que ya veremos al analizar las tres
novelas.
Lo que
marca la diferencia en el tratamiento de estos temas (la muerte en Efecto
invernadero, el mal en Canon perpetuo, la peste en Salón de belleza) con un
naturalismo tradicional es, como decía Georg Lukács respecto a las novelas
de Kafka: “Kafka es uno de los escritores vanguardista cuya concepción
del detalle es selectiva, acentuando sensiblemente lo esencial; no es, pues,
naturalista” (65). Y es que, aunque no sea “vanguardista”, Bellatin
tiene muchas coincidencias con el estilo del escritor checo (por ejemplo, el
de envolvernos en un mundo sin leyes o el de no dar nombres de los
protagonistas). Otro aspecto es la tendencia a la no referencialidad a una
determinada sociedad, esto lo hace, como se señaló antes, mediante la
metaforización o simbolización. Al mismo tiempo, Bellatin, al tratar estos
temas, no crea un héroe “positivo”, que no duda, que atienda más al
“progreso” (al esfuerzo colectivo de la humanidad) que a su yo. Sus
personajes sólo buscan (si es que de verdad “buscan”), como veremos más
adelante, la salvación individual; salvación nada trascendental (no
religiosa, no histórica, no colectiva, etc.), sino más bien de un tipo que
podemos llamar poética. Tampoco, en el otro extremo, llega al punto de un
Robbe-Grillet, que arroja por la borda a personajes, hasta a la misma
intriga de la historia, y que no describe ningún sentimiento, quedándose
solamente en la superficie del mundo.
Esta
“salvación” poética (llamémosla así) en el discurso posmoderno se
puede entender por la quiebra del concepto absoluto de verdad. Es así como
se concibe, desde este enfoque, que los personajes protagónicos de Bellatin
no buscan otra cosa más que un concepto personal de verdad. Sobre
esto Vattimo nos dice:
“se
trata antes bien de abrirse a una concepción no metafísica de la verdad,
que la interprete, no tanto partiendo del modelo positivo del saber científico
como (de conformidad con la proposición característica de la hermenéutica),
partiendo de la experiencia del arte y del modelo de la retórica por
ejemplo” (6).
Los
temas del arte y la belleza están presentes, frente a la crisis del
positivismo científico, en las tres novelas dándonos una pista para
entender la solución (o la sin salida) al drama de las historias. La
belleza de los peces y el cuidado que les brinda el peluquero en Salón, por
ejemplo. O las lecturas clandestinas de Thomas Mann y José Lezama Lima, y
el grupo poético Paideia, en Canon. O la poesía, la pintura y el ballet,
en Efecto.
Esto último
no quiere indicar que nos encontramos por el camino de un neoromanticismo.
Las historias que cuenta Bellatin parten de la ausencia de una historia
colectiva; de personas que, aunque no encajan en el mundo, no buscan
cambiarlo tampoco. En Canon perpetuo se desarrolla más este tema al tomar
la idea de la historia colectiva como la fuerza totalitaria que le roba la
identidad a la protagonista. Lyotard profundiza este fenómeno de la
posmodernidad:
“¿cómo
pueden seguir siendo creíbles los grandes relatos de legitimación? Esto no
quiere decir que no hay relato que no pueda ser ya creíble. Por metarrelato
o gran relato, entiendo precisamente las narraciones que tienen función
legitimante o legitimatoria. Su decadencia no impide que existan millares de
historias, pequeñas o no pequeñas, que continúen tramando el tejido
de la vida cotidiana.” (8)
Por otro
lado, algunas ideas sobre lo posmoderno, que hallamos en estas tres novelas,
las da Juan Manuel Vera: “la utopía predica una sociedad
inmaculada, un mundo perfecto que genera la esperanza en un futuro
esplendoroso y fomenta el delirio de dar sentido al ser. No en vano utopía
significa ningún lugar.” (2) El mundo de las novelas de Bellatin está
marcado por la muerte de la utopía. Si el éxito de la utopía se debía a
su capacidad para expresar una protesta de la subjetividad, un deseo
inalcanzable e ilimitado de otra cosa, y a la vez, la fe en el destino, en
el progreso, en la historia; en Bellatin no vemos más que el fracaso de la
utopía, su incapacidad de expresar una protesta de la subjetividad que
considere que es posible dar un sentido a la existencia humana y dotar de
una justificación trascendente a esa subjetividad que se piensa a sí
misma: una falta de fe.
El
protagonista del salón de belleza, mediante los peces (el mundo natural);
Nuestra Mujer, queriendo oír la voz de su infancia; y Antonio, planeando su
“entierro” en manos de La Madre, son metáforas de esa utopía frustrada
que, por científica que sea su base, es, en su descripción del futuro, un
sueño inconsciente de un retorno al paraíso. Siguiendo esta idea, Juan
Manuel Vera nos habla de lo disutópico, concepto que estaría más cercano
al mundo ficcional de Bellatin: “Mientras toda utopía, incluso la apocalíptica,
define un mundo estático, final, lo disutópico concibe siempre un mañana
conflictual, abierto, sometido a las decisiones humanas. Todo futuro implica
incertidumbre. El futuro está formado por múltiples e inimaginables
posibilidades.” (6)
Es por
eso que no hay un final propiamente dicho en las historias de Bellatin. Lo
que se hace más bien con las historias es restarles la importancia del fin.
Fin, que de existir daría la apariencia de haber un sentido trascendental
en los hechos que ocurren o en las acciones de los personajes. Por
ello es que el peluquero travesti de Salón de belleza, que era hombre de
acción, termina preocupándose inútilmente, en su convalecencia, del
destino de su ex-peluquería convertida en Moridero. Nuestra Mujer (de
Canon) termina caminando “despacio y sin rumbo” en un mundo irracional o
absurdo. La Amiga (de Efecto) al final, en el diálogo con La Madre, se da
cuenta que el final de Antonio no había sucedido en su muerte real sino
mucho antes, en su infancia (o aún más atrás, tal vez, antes de nacer).
Para cerrar esta idea citamos otro párrafo de Juan Manuel Vera:
En lo
disutópico planea permanentemente la idea de la ruptura con el destino,
mirando la historia como un cementerio de posibilidades que se podían haber
llevado a presentes mejores o, tal vez, mucho peores. Negando que exista un
curso prefijado de las cosas, se asume con más claridad la soledad de los
hombres frente a sí mismos. Desde esa concepción disutópica, la sociedad
presente no es el mejor de los mundos, pero tampoco necesariamente mejor o
peor que los futuros posibles. (6)
Los
personajes de las historias de Bellatin son vestigios, en el sentido que le
da a
la
palabra Jacques Derrida, que considera que todo retrato es un vestigio, una
ruina (y sobre esto veremos que Bellatin lo desarrolla conjuntamente con el
tema de los cuerpos). Tanto el peluquero, Nuestra Mujer y Antonio ya no son
los de antes, sino la ruina aún viva de lo que fueron. Podemos señalar,
antes de entrar a analizar algunos detalles de las novelas, que la sicología
de los personajes parte del pensamiento posmoderno que a decir de Yolanda
Angulo Parra se da de la siguiente manera:
“El
pensamiento posmoderno, pensamiento de la sospecha, legado de Nietzsche,
reacciona frente a los más fuertes supuestos de la modernidad, y florece así
marcado por una clase peculiar de escepticismo, casi siempre pesimista, que
lo aleja del maestro. La translucidez del espejo del conocimiento es puesta
en tela de juicio por Nietzsche más que por ningún otro, al introducir la
mirada perspectivista, en lugar del Ojo omnisciente, de ahí que el
pensamiento, denominado posmoderno, duda de ese espacio interior de acceso
privilegiado, denominado “mente” y de que la verdad esté ahí fuera
para ser aprehendida por el sujeto (escepticismo epistemológico); duda de
la existencia de esencias y universales (escepticismo ontológico); duda de
que haya naturaleza humana eterna e inmutable, de la ‘creencia en una
estructura estable del ser que rige el devenir y da sentido al conocimiento
y normas de conducta’ (escepticismo metafísico); duda de la función de
los grandes relatos y de la posibilidad de un gran proyecto emancipador de
la humanidad (escepticismo político); duda de la posibilidad de una ética
universal fundamentada sobre sólidas bases epistemológicas, antropológicas
y ontológicas (escepticismo ético). (4)
Salón
de Belleza
En Salón
de belleza se cuentan tres historias: la de un peluquero travesti en la fase
terminal de una enfermedad que no se dice cuál es, pero que, por los síntomas
y el contexto, se supone que es el SIDA; también es la historia del
Moridero y de los acuarios. Narrada en primera persona, las historias se
vuelcan, poco a poco, cada vez más a priorizar ciertos espacios (el espacio
del cuerpo decrépito del peluquero, el espacio de los acuarios descuidados,
el espacio de la peluquería convertida en Moridero). El Moridero, que es un
sitio adonde van a morir las víctimas de esta innombrable peste, se
convierte en la gran metáfora de un mundo decadente, en el que las reglas
inventadas por el peluquero están regidas por la resignación, por la
inminencia de la muerte y por la indiferencia de hallarles una justificación
trascendental.
Como metáfora
de la vida que se extingue, atacada por un mal incurable, están las
peceras, a las que el peluquero les brinda tanto cuidado como a los
desahuciados. Para el protagonista no hay mayor diferencia entre ambos, no
hay una jerarquía de tipo moral entre estas criaturas a las que sólo se
limita ver cómo van perdiendo su belleza. Todo lo hace sin ningún
cuestionamiento moral. La evolución del mal en los enfermos, a quienes
desinteresadamente, altruistamente, ayuda a sobrepasar la agonía y no morir
solos, se canaliza en él, atacado también por la enfermedad, no
directamente sino a través de los peces.
“Desde
entonces y por las tristes historias que me contaban, me nació la compasión
de recoger a alguno que otro compañero herido que no tenía dónde
recurrir. Tal vez de esa manera se fue formando este triste Moridero que
tengo la desgracia de regentar. Pero volviendo a los peces, pronto me aburrí
de tener exclusivamente Guppys y Carpas Doradas.” (14)
Es
así, que en los espejos de la peluquería parece ser que el travesti
peluquero es el único que no se refleja. La enfermedad en él es vista por
medio de la belleza moribunda de los peces. Los peces simbolizan la belleza
de la vida y, a su vez, la encarnación de la muerte. Todo está siendo
atacado por el mal, la peluquería, los cuerpos de las víctimas humanas, el
agua de las peceras y los peces. La corrupción es inevitable y está
generalizada.
La razón
del peluquero travesti de ayudarlos a morir decentemente, “para morir en
compañía” (24), es una razón más que ética, estética. De ahí que no
acepte la compasión cristiana de las monjas por un lado, y de ahí también,
por otro, que tenga el rechazo de los vecinos del barrio. Aceptar la ayuda
de las monjas sería darle una finalidad al Moridero que él considera inútil.
Una finalidad cristiana, de creer en un más allá, o peor aún de darle la
falsa ilusión a los pacientes de la posibilidad de un milagro de curarse.
El peluquero lo entendió así al principio, cuando quiso rescatar de lo
inevitable a un enfermo: “Hicimos algunas colectas entre los amigos para
comprar las medicinas, que eran sumamente caras. Todo fue inútil. Más fue
el desgaste físico y moral que aquel tratamiento le causó al enfermo como
a los que estábamos alrededor. La conclusión fue simple. El mal no tenía
cura.” (55)
Lo que
lo motiva, entonces, es la misma razón que tiene para seguir criando peces
en una peluquería que ya ha perdido su original función. El travestismo o
el maquillaje es su arte y la manera de enfrentar a la muerte, de ocultar el
dolor. La vida es belleza para el peluquero, y la belleza es lo contrario al
dolor y al sufrimiento. No le preocupa que la muerte sea el fin, sino la
manera como llega, la manera de hacer horrible lo que antes era bello. Por
eso cree que puede vencer a la muerte quitándole a ella (ocultándola mejor
dicho) todo el dolor posible y su sufrimiento.
Canon
Perpetuo
Canon
Perpetuo es la historia de Nuestra Mujer en una sociedad perteneciente a un
sistema dictatorial, totalitario, que, aunque no se diga a qué país
pertenece, se puede concluir que es la Cuba actual. La historia empieza con
el hurto que hace Nuestra Señora durante una entrevista a un líder
extranjero. Los agentes de seguridad vieron que ella se guardó un par de
aretes que había sobre la mesa principal. Esto ocasionó su despido de la
agencia de Noticias para la que trabajaba. También hay otro acontecimiento
que nos mantiene en suspenso hasta el final: la misteriosa llamada de la aún
más misteriosa Casa adonde ella va al final para escuchar la voz de su
infancia.
Esta
novela es la que más nos hace recordar a Franz Kafka. Canon nos presenta
una sociedad jerarquerizada por un poder que no se devela, pero que es capaz
de penetrar en lo más profundo de sus habitantes para dirigirlos hasta
hacerles perder su identidad y convertirlos en seres absurdos. En el breve
tiempo en que transcurre la historia, Nuestra Mujer mata a la
“presidenta”, la administradora del precario edificio donde vive, se reúne
con “su amiga” en una sesión clandestina de poetas que tratan de crear
un lenguaje nuevo y finalmente va a esa extraña Casa, que por “equivocación”
la había llamado.
Todos
los extraños sucesos que se presentan en el edificio viejo y miserable son
menos sorprendentes que los personajes que lo habitan. El irracionalismo que
marca las vidas de estas personas está íntimamente unido, o es una
consecuencia del automatismo del sistema que los crea. Nuestra Mujer, y
todos los personajes a los que la falta de nombres propios enfatiza su
carencia de identidad, son seres incapaces ya de sentir lo aplastante de ese
poder que los rige. La protagonista contempla su cuerpo deteriorado. En el
baño intenta recobrar la sensualidad perdida, pero sólo comprueba su total
incapacidad de recobrarla. Ya no es un cuerpo propio en el presente vivo al
que baña con la escasa agua que se dispone, por lo tanto ya no hay
sensualidad.
Los que
tal vez buscan recobrar la propia identidad y el espacio de libertad de
manera más efectiva son los poetas de las sesiones de la amiga (la del
poeta foráneo y sus tertulias bautizadas con el nombre de Paideia). En
dichas tertulias el poeta foráneo exponía sus ideas de crear reglas
gramaticales a un nuevo lenguaje que tenía en mente inventar. Esta idea
debe asociarse directamente a la alusión que se hace a la Vita Nuova.
Conforme
avanza el aparente sin sentido de las acciones de Nuestra Mujer de un lugar
a otro, el narrador nos va contando sobre ella: que había tenido un marido
y un hijo al que “lo hicieron partir” en una balsa hacia otro lugar que
no se dice, pero teniendo el referente cubano actual suponemos es Miami.
Esto ocasionó la ruina sicológica de la protagonista, y su internamiento
en un sanatorio por más de seis meses.
Lo que
pide finalmente Nuestra Mujer es que “le devuelvan la confianza”. Algo
que la Casa se niega. Ella, creyendo que la Casa le devolvería esa
“confianza” a través de la voz de su infancia, se ve más bien atrapada
en ese sistema burocrático de voces. La tienen atrapada, y le amenazan con
quitarle su voz. La Casa piensa y actúa sólo en función de lo que le
conviene, así como todo gobierno que se aparta de los principios que buscan
crear una sociedad democrática. Por eso para “ellos” es “más
importante una voz patológica que una voz infantil” (147). La ambigüedad
del ambiente final de la Casa hace suponer que se trata de un manicomio. Y
esto definiría el simbolismo completo, que sirve mucho a Bellatin para
desarrollar sus historias, y que en este caso está retratando el
entrampamiento de los seres humanos en un sistema totalitario.
Efecto
Invernadero
En
Efecto Invernadero también presenciamos la decadencia del cuerpo. Bellatin
parece decirnos que el alma es el cuerpo, que la muerte es una purificación
a la que se accede con el rito del mal o de la enfermedad. Bellatin despoja
del cuerpo las laceraciones de los dogmas de toda religión y sistema
social, y lo redime con la aceptación del dolor. Antonio, el protagonista
de esta historia, ha nacido con el mal y con el sentimiento de culpa de la
Madre. El mal se manifestó tempranamente en un brazo. La Madre sin reparos
hizo caso del duro método de cura del doctor, que consistía en amarrarlo
del otro brazo y dejar que su hijo se valga por sí solo.
Antonio
se hace pintor y poeta. Nunca aceptado por su Madre, ni por la sociedad,
tiene una temporada larga en Europa, algo que acentuaría aún más su
exilio existencial y marginalidad. Como en toda sus novelas Bellatin no pone
referentes directos sobre personas y lugares, pero por el contexto de esta
novela (alusiones biográficas, caracterización de personaje, y
declaraciones del escritor) sabemos de quién se trata. Antonio está basado
en una persona que existió en la realidad, el poeta peruano César Moro,
seudónimo de Quispez Asín, conocido poeta y pintor surrealista que convivió
en Europa con el surrealismo de Bretón, y que también tuvo una estancia
importante en México, y que ni en su retorno a Perú dejó de ser polémico.
Antonio
tuvo varios amantes, pero el que lo acompaña en su muerte es el Amante. Al
igual que en Salón de Belleza la homosexualidad no es el tema principal. Más
importante para Bellatin es tratar el tema de la intolerancia. Pese a lo que
se puede concluir de esto, lo que Bellatin quiere no es encausar una
protesta en sus historias, sino solamente mostrar la complejidad del ser
humano. Antonio, así como de niño había dispuesto todo para su muerte en
su cuaderno escolar, en su adultez agónica habría de disponer las cosas
que acompañarían a su cuerpo muerto. Muere con los seres más cercanos: el
Amante, la Amiga, la Madre y la Protegida. Le entrega a la Madre su cuerpo
muerto, como un Cristo pero sin ninguna esperanza de nada, sin resurrección
ni vida trascendental posible. Antonio, como en la realidad César
Moro, es la víctima de una sociedad y de una Madre dominadas por viejos
dogmas. La Madre es la víctima de esa vieja historia de represiones
de que están hechas las sociedades machistas. Es así, que en esta novela
vemos más claramente el papel del hombre como heautontimoroumenos, verdugo
y víctima de sí mismo. Antonio víctima de su amor a César, el militar
que lo golpeaba y lo abandonó. La Protegida, víctima de una sociedad casi
feudal que la somete. La Pianista, víctima de la Amiga y “de la lucha
mental que sostenía (...) con el fin de mantener el equilibrio” (203). La
Amiga, víctima de la maternidad o la esterilidad. El Amante, víctima de
Antonio.
Así
como en Salón de Belleza aquí tampoco se dice cuál es el mal que mata al
protagonista. Al respecto vale la pena citar íntegramente una parte de un párrafo
del capítulo 19, en la que Bellatin, a través de Antonio y la Amiga,
explica el tema que está siempre presente en sus novelas:
“En
ese invierno, Antonio y la Amiga más de una vez se encontraron hablando de
las relaciones entre la belleza y la muerte. En un principio, la Amiga
aseguraba que la muerte destruía en forma total cualquier belleza. Al oírla,
Antonio acariciaba sus propios brazos. A pesar del frío que subía acompañando
la niebla, Antonio usó camisas de manga corta. Sus brazos, que se movían
ágilmente mientras hablaba, no mostraban músculos ni firmeza. Viendo a
través de la ventana del baño, que era el lugar de la casa donde se reunían
a conversar, Antonio una vez dijo que la belleza y la muerte guardaban la
misma relación que el agua y los espejos. La Amiga no entendió las
palabras, tampoco la sonrisa que las acompañó. Antonio continuó
riendo mientras hablaba de las abluciones que realizaba cada mañana, del
agua bajando por el pecho y la espalda desnudos. Se refirió al espejo, que
chirriaba con cada movimiento, y a las letras rojas del poema. Volteó y le
preguntó a la Amiga si no podía ser la belleza la que corrompiera a la
muerte. Recién entonces la Amiga sonrió y miró por la ventana el baño.”
(215)
Más que
personajes que quieran ser de carne y hueso (aún cuando los protagonistas
estén basados en seres reales, como Antonio con César Moro, y el peluquero
que también fue un personaje real al que Bellatin encontró en una noticia
periodística), son seres que traen principalmente una idea, o mejor dicho
son una idea (La Madre, el Amante, La Amiga, Nuestra Señora, etc.). Antonio
es el único protagonista al que se le da un nombre particular, tal vez
porque encarne al “héroe” más cercano de lograr su salvación, como se
dijo arriba, una salvación poética. Antonio es artista, y su salvación no
puede ser de otra manera, llámese individual o encerrada en sí misma (de
ahí las facciones de gozo en el rostro de Antonio cuando el médico le
“anunció” a la Amiga que había quedado estéril), es una salvación al
fin y al cabo.
Bibliografía
Angulo
Parra, Yolanda. La esencia de vidrio: modernidad y posmodernidad.
http://www.webislam.com/99/tx_99_58.htm
Bellatin,
Mario. Tres novelas. Lima: El Santo Oficio, 1995.
Lukács,
Georg. Significación actual del realismo crítico. México: Biblioteca Era,
1963.
Lyotard,
J. F. La posmodernidad (explicada a los niños). Barcelona: Gedisa, 1995.
Sontag,
Susan. Contra la interpretación. Barcelona: Biblioteca Breve, 1969.
Vattimo,
G. El fin de la modernidad. Barcelona: Planeta-De Agostini, 1994.
Vera,
Juan Manuel. Utopía y pensamiento disutópico.
http://www.inisoc.org/utopia.htm
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