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Relatos
de Puno
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ALGUNOS APUNTES SOBRE POESIA ACTUAL
Se trata tan solo de
resaltar unos cuantos rasgos temático-estéticos que como lector he ido
hallando en jóvenes poetas a cuyos poemarios he ido teniendo acceso en
estos años
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ULTIMO POEMARIO
M.D.I.H 2004 - Lima
Por lo mismo que has amado, otros amaran tu
soledad que es vivir en estas calles
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POESIA
CHICANA
En
1848, por el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, México cede sus territorios
(California, Nevada, Utah, Colorado y Nuevo México) a los Estados Unidos.
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ENSAYO
SOBRE LA POESÍA PERUANA ULTIMA
I
MIL
VOCES, UN CAUCE
Sobre la poesía peruana a partir de la década del noventa es verdad que
poco se ha estudiado
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HISTORIA
PERSONAL DEL 90
Íbamos
por la segunda botella de Cienfuegos cuando escuchamos una explosión que
provino de algún lugar del Centro de Lima.
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La
Postmodernidad en Tres Novelas de Mario Bellatin
Mario Bellatin, (México, 1960) estudió en Lima (Perú) Teología y Ciencias
de la Comunicación, e inició su carrera literaria con la publicación de
Mujeres de sal (1986).
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ME CUIDE DE VOLVER A LA CALLE FANTASMAL
Bajé del bus ante el
espejo negro del lago, había tibias estrellas y fresca hierba. Pegué mi
cara contra la muralla de alambre, vi la luna también, lejos como mi corazón.
Al amanecer, el sol tocaba mis pies, años atrás en otra frontera había
tocado un sueño de cactus. Yo caminaba por el jirón Puno, tenía una
botella de pisco, atrás el Lago me enviaba una nube. "Qué maravilla
en el vientre del Titicaca, niña querida", dije, pero en realidad lo
había dicho Gamaliel Churata en la esquina cuando lo vi, sentado en una
tienda bebiendo alcohol puro, eso bebía, del Lago le habían enviado los
Uros un pez de oro. Yo doblaba entonces por el jirón Lima, así como he
doblado miles de esquinas y bebido miles de botellas. Carlos Oquendo de
Amat, me detuvo, Miguel, dijo todo flaquito, cómprame este bono de pre-publicación.
¿Cuánto?, le pregunté, diez soles. Sus Cinco Metros también hablaban de
mi niña querida. Ella dormía en el fondo del Lago, ella no sabía lo que
sentía mi corazón ahora lejano y solo. "Cargado de nubes, que más
parecían formaciones pétreas, babeaba el cielo con la salvaje urgencia y
la misma candidez de la bestia que se dispone a amar", así, enrumbé
al Lago. Cargado de lágrimas, mi propio lago se iba sumergiendo en el otro
Lago. Cargado de lágrimas, todas las lágrimas del Perú, todas las nubes
que conté desde mi infancia, ahora entraban en el Lago. Yo decía no
llores, niña querida, ¿no sabes que así me desesperas?
Puno, 16 de marzo, 2005
ORGULLO
AYMARA (BY DANTE NAVA)
"Soy un indio
fornido de treinta años de acero, forjado sobre el yunque de la meseta
andina, con los martillos fúlgidos del relámpago herrero i en la, del sol,
entraña de su fragua divina." Vivía entonces entre las calles que
suben y bajan de Puno, aferrado al aroma puro de una mujer. Mis patas del grupo
Neón de Orkopata seguramente estaban en ese amanecer de domingo aun
durmiendo o con la terrible resaca de un despertar muerto. Yo caminaba,
recuerdo, entre tiendas que aun no abrían. Puno se parece a San
Francisco, pensé, y recordé a mis otros patas Beats, Kerouac, Ginsberg, y
también a los de la Black Montain. "El lago Titikaka templó mi cuerpo
fiero en los pañales tibios de su agua cristalina, me amamantó la ubre de
un torvo ventisquero i fue mi cuna blanda la más pétrea colina."
El sol y el viento habían curtido mi piel, yo bebía un sueño que el Lago
me había otorgado, entre madrugadas de neblina y regresos solitarios a
casa. Llegué a la Plaza de Armas. Hola, Dante, me dijo una señora con
su pollera y su sombrero pequeño. Deme pues una empanada. No es
empanada, Dante, me corrigió. Por afuera era una empanada, pero
adentro tenía una suerte de guiso. Estaba muy caliente. "Las montañas
membrudas educaron mis músculos, me dio la tierra mía su roqueña cultura,
alegría las albas i murria los crepúsculos." Me senté en un parque,
unas palomas negras y blancas picoteaban las heridas de mis pies. Yo escribía,
lo recuerdo bien, aun lo percibo, con la tinta del sol en una hoja de
piedra entre mis muslos. Lo que escribía se tornaba en bronce, se estampaba
en el cielo, ni la lluvia lo borraría, ni mi tristeza desenterrada lo
socavaría: "Cuando surja mi raza que es la raza más rara, nacerá el
superhombre de progenie más pura, para que sepa el mundo lo que vale el
aimara." Yeah!
Puno, domingo 20 de
marzo, 2005, 9 y 25 am.
GOOD
BYE
Entré al restaurante
El Mundo de Pinita. Ya todo Puno estaba harto de mis borracheras, de
vivir entre una nube blanca de piel suave y una nube negra de cabellos
secretos. Aun podía tocar Taquile con ese cielo ocre de un albatros de
piedra salido de un telar de alpaca hacia el Embassy, para morir luego en
los senos de una torcaza. Allá estaba el infinito de las montañas detrás
del Lago, podía adivinarlo desde la ventana. Pedí una cerveza. En otra
mesa había una muchacha con peinado antiguo, pequeña de estatura. Tenía
bebiendo años. Nuestros caminos se juntaron. Ella cantaba: "Bien lo
sabía/ que tu amor era mentira/ que tus besos eran falsos/ llenos de
hipocrecía". Junté mi silla con su silla. Junté mis labios en el
dorso de su mano derecha. Se llamaba Carmencita. "Cómo has engañado
al cariño/ que era tan puro y sincero/ que siempre te brindó una ilusión/
con la alegría de su corazón". Era mi última noche en la ciudad
del Lago. Carmencita Lara me cantaba, como si hubiera encontrado a un lejano
espíritu: "No quiero verte más/ vete de mi lado/ porque eres mala
sombra en mi vida".Le di un beso, pero la música seguía acompañando
a su delgada voz, en otra realidad: "Estoy seguro que sin ti/ sería
muy feliz/ porque fuiste para mí/ un engaño más". Tenía razón.
Estaba loca, loca por ese amor antiguo y muerto. Yo no tenía nada que hacer
allí. Me fui. Salí del restaurante, del Mundo de Pinita. Crucé la calle
Tacna. Me fui al Lago, derecho por la avenida, crucé el mercadito donde comí
carachi y pejerrey. Unos dos o tres uros me miraron con asombro, me dijeron
"kamisaraki". Si han visto el final de The Big Fish podrán
visualizar este final. Me quité los zapatos, mis pies sentían las totoras
como una blanda promesa. Adiós le dije a Carlos Oquendo de Amat, adiós a
Gamaliel Churata, adiós también a Dante Nava, ellos me decían adiós, los
Uros me decían adiós, los taliqueños decían good bye. Todos se habían
reunido en la orilla del Lago para despedirme. Me arrojé al Lago Titicaca,
allí de donde salió alguna vez Manco Cápac, allí ahora yo me sumergía
en los altos silencios, y flotaba en el agua como un gran pez de oro, y eso
me reconfortaba.
20 de marzo, 2005, Puno
City
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COLDPLAY
De aquella noche última
de Puno apenas recuerdo que caminaba por el jirón Lima, y de pronto escuché
Yellow que venía de un segundo piso. Entré, era un Pub. Me senté en la
mesa de madera, era como una cabaña. Pedí un Cuba Libre, luego otro, y
otro. Y Volvía a pedir la misma canción de Coldplay, hasta que
recuerdo que estaba afuera. Otra vez en la orilla del Lago. Otra vez el
espectro de Beatrice, arrancada de una revista de turismo que estaba en el
Pub. Entonces repetí sin querer estos versos: "¡Ay de mí! ¿Les
ocurre esto a los demás? / Pues Amor me asalta tan repentinamente / que la
vida casi me abandona." Las estrellas se reflejaban en el Lago, era el
abandono de algún dios perdido por alguna diosa. Y yo iba muy borracho,
cantando, llorando: “Más allá de la esfera que más veloz gira, pasa el
suspiro que de mi corazón sale: inteligencia nueva, que el Amor llorando
infunde en el corazón, y hacia arriba lo tira". Era el año de 1274, y
yo escuchaba las guitarras de Coldplay mientras caminaba perdido en Puno.
Beatrice ahora seguía a mi espectro, el agua a veces nos tocaba. Yo le decía:
"Mira las estrellas / cómo brillan por ti". Ella de pronto
se sentó, estaba descalza, mirando el agua. El viento y la luna levantaban
sus negros cabellos largos. Le dije: "Escribí una canción para
ti". Pero ella seguía ensimismada. Su piel y sus huesos se volvieron,
inusitadamente, en algo maravilloso. "Tú sabes _ le dije, sentándome
a su lado _ que yo también te amo". Ella sonrió, me tomó de la
mano, podría haber durado ese momento toda la eternidad, porque así lo
sentí, sin embargo, ella empezó a desaparecer, a hacerse invisible,
mientras que en el horizonte del Lago empezaba a salir el sol. Sólo alcancé
a saltar para evitar que se vaya, quise abrazarla, atarla, pero caí través
de ella, a través de su última visión, hasta caer en el
fono del Lago. "Por ti _ alguna vez le dije _ yo sangro mi propia
sed".
Marzo, 2005.
EL
VIENTO A FAVOR
Yo buscaba la lluvia,
insistía, entre la av. México y la Vía Expresa. Buscaba el cielo negro
entre las calles vacías. Sólo unas estrellas me asechaban como ratas, sólo
unos travestis aguardaban como ángeles salidos de algún bar. Bunbury
cantaba: “Si ya no puede ir peor/ haz un último esfuerzo/ espera que
sople el viento a favor/ si sólo puede ir mejor/ y está cerca el momento/
espera que sople el viento a favor.” Los carros bajo el puente México se
llevaban mis poemas. Sólo unos junkies se arremolinaban en el grass. ¿A qué
venía Bunbury a cantarme ahora? Federico García Lorca decía que el
verdadero arte español tiene duende, es una especie de locura. Quizás
por eso. Pero yo buscaba la lluvia. La lluvia, insistía. A dos cuadras podía
ver la estación del bus, rumbo al sur. ¿La lluvia estaría en el sur?
“Otra vez te haz vuelto a equivocar/ siempre piensas la culpa es de los
demás/ y no tienes más remedio/ que de nuevo empezar.” Pinche Bunbury,
tenía razón, y Federico también. Decidí entonces volver a casa, a
ver si en el camino me asaltaba la lluvia de jaspes. “Otra vez la has
vuelto a fastidiar/ siempre tienes que quedarte atrás/ todavía te queda un
buen trecho/ y les tienes que alcanzar.” ¡Leopoldo María!, alguien me
dijo en la cuadra 3 de México, una voz de alguien oculto en la penumbra de
una calle metida. Doblé por esa calle, pero no vi a nadie. Esa música
quemada seguía diciéndome: “Otra vez fuera de lugar/ nunca siempre estás
donde no debes estar/ muy cerca o muy lejos/ no estás atento y se vuelve a
escapar.” Dos cuadras más arriba, otra vez esa voz me llamó: Leopoldo
María Panero. ¿Dime?, le respondí. ¿Buscas la lluvia de jaspes? Sí,
dije a la oscura voz. Me dio un papel doblado. Supe inmediatamente de qué
se trataba. Era absurdo. Seguí mi camino. Seguí, por tanto, buscando o
esperando la lluvia. “Otra vez perdiste tu oportunidad/ siempre enfrentándote
y al final/ vencido por el miedo/ caes al suelo y te dejas pisar.” Bunbury
cantaba en la Av. México, y en mis ojos veía la lluvia en el suelo donde
estaba escrito: “No llames a mi puerta, deja que el viento se lleve tus
labios.” (Leopoldo
María Panero. Madrid, 1948-)
2005
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